Preparando la JMJ 2011: ¿qué es la Jornada Mundial de la Juventud?


Solo faltan 11 días para que empiece la Jornada Mundial de la Juventud, el evento más importante que habrá este año con el Papa Benedicto XVI. Más de un año de preparativos que miles de voluntarios han dedicado con gran mimo, entusiasmo y fe para que esta JMJ sea una gran fiesta de jóvenes cristianos.

Pero, ¿qué es eso de la JMJ? Quizás te pille un poco despistado, lo has visto en las noticias o en algún anuncio,… Las Jornadas Mundiales de la Juventud son reuniones periódicas del Papa con los jóvenes de todo el mundo para ayudarles a que pongan a Jesucristo en el centro de su vida.

Acudir a una JMJ marca. Tanto si se es creyente como si no, las JMJ’s son grandes eventos donde millones de personas de todo el mundo comparten sus culturas bajo una misma fe, una gran catequesis que invita a la conversión y a resolver los interrogantes profundos planteados por los jóvenes y el mundo que les rodea.

Obviamente el pilar de las JMJ’s es Jesucristo, y con Él, el mensaje del Evangelio y la oración. Así, los asistentes pueden redescubrir esa fe, afianzarla y potenciarla. Igualmente, los no católicos tienen un gran evento donde podrán empaparse de este espíritu y comprenderlo mejor, e incluso, compartirlo.

Durante los próximos días, publicaremos artículos para preparar la JMJ que se celebrará desde el 16 al 21 de Agosto en Madrid.

¿Por qué es complicado hacer apostolado con alguien que no conoce a Dios?

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Muchas veces, cuando he querido explicarle a algún amigo algo sobre Dios he tenido problemas a la hora de lograr que entiendan lo que quiero explicarle. El principal causante de esta situación no es solo el desconocimiento, sino que también intervienen los prejuicios o el miedo a no querer aprender algo sobre Dios. Por pura casualidad leí ayer una pequeña historia del libro “Introducción al Cristianismo” del Papa Benedicto XVI que puede ayudar a comprender esta realidad y hacer que la gente que tiene este problema a la hora de hacer apostolado no se desanime.

Esta historia fue escrita por Kierkegaard y resumida por Harvey Cox, ahorrándonos un buen rato de lectura. El relato cuenta cómo un circo de Dinamarca fue presa de las llamas. El director del circo envió a un payaso, que ya estaba preparado para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que existía el peligro de que las llamas se extendiesen incluso hasta la aldea, arrastrando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a sus habitantes que fuesen con la mayor urgencia al circo para extinguir el fuego. Pero los aldeanos creyeron que se trataba solamente de un excelente truco ideado para que en gran número asistiesen a la función; aplaudieron y hasta lloraron de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír. En vano trataba de persuadirlos y de explicarles que no se trataba ni de un truco ni de una broma, que la cosa había que tomarla en serio y que el circo estaba ardiendo realmente. Sus súplicas no hicieron sino aumentar las carcajadas; creían los aldeanos que había desempeñado su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. La ayuda llegó demasiado tarde, y tanto el circo como la aldea fueron consumidos por las llamas.

Aunque la historia sea poco aplicable aparentemente a nuestra vida cristiana, podemos sacar una serie de ideas. Metafóricamente, Dios es ese director de circo que envía a sus empleados, a nosotros, a comunicar al resto del mundo una noticia importante, que afecta a todos por igual. En nuestro caso, esta noticia es el Evangelio. Los cristianos estamos llamados a hacer apostolado, es decir, acercar a Dios a nuestra gente cercana, como amigos, familiares,… No se trata de dar discursos o lograr que nos aborrezcan, sino dar a conocer a Jesús con nuestros principios, nuestro trabajo, nuestro día a día, hablándoles de ese Dios en el que creemos de una forma amable, evitando cansar. Hablaremos de apostolado los próximos días, pero esta es una breve descripción.

Con una forma de vida ejemplar y dando un,  testimonio correcto, la gente que está lejos de Dios, esos habitantes de la aldea que estaba a punto de arder, conozcan a Jesús.

El payaso de la historia podría haber convencido a los aldeanos si hubiese ido vestido como una persona normal. Sin embargo, el payaso no puede dejar de ser payaso, no tiene tiempo ni posibilidad de mostrar otra cara más cercana a los habitantes del pueblo. Algo así nos ocurre a la hora de hacer apostolado: podríamos eliminar esas partes que no se comprenden fácilmente del Cristianismo y así mostrar a la gente una religión adaptada a sus gustos. El mensaje resultante sería cualquier cosa menos el mensaje cristiano. Por ello, debemos ser conscientes de esta dificultad a la hora de hacer apostolado, de esos prejuicios, ideas previas sobre el asunto que la gente que no conoce el Cristianismo, y concretando, el Catolicismo. Adaptándonos a la historia, debemos lograr mejorar a ese payaso (sin ánimo peyorativo) y convencer a la gente de que Dios les espera. No es un trabajo fácil, pero solo con paciencia, orando y pidiendo ayuda a Dios, podrás lograr tus objetivos, tu apostolado perseverará.

¿Qué es la Confesión?

El hombre no es perfecto. Se trata de una realidad innegable y esto hace que el hombre cometa errores. Algunos de estos errores nos hacen daño a nosotros mismos y ofenden a Dios, porque van en contra de los Mandamientos. A estos se les llama pecados.

Existen dos tipos de pecados los veniales (una mentira, algo de pereza, una falta de respeto o de caridad, murmuraciones o burlas, dejadez en las oraciones, excesos en la comida y en la comodidad, gastos superfluos,… y actos graves cometidos inadvertidamente) y los mortales (cuando conscientemente se realizan actos gravemente malvados, como insultar a Dios, faltar a la santa misa un domingo, cometer actos sexuales impuros, emborracharse o drogarse,…).

Los pecados hacen que nos alejemos de Dios al no estar en paz, al haber cometido errores y no haber pedido perdón por ello. Esta separación puede ser menor -pecados veniales o leves- o llegar a perder la vida sobrenatural y la gracia -pecados graves o mortales-, lo que supondría estar lejos de Dios.

Afortunadamente, Jesucristo instauró un sacramento, un medio, para perdonar los pecados y así poder volver a estar cerca de Dios, y por lo tanto, el ganarse así el Cielo. Este sacramento es la Confesión, también conocido como el sacramento del perdón, de la penitencia o de la alegría; porque se perdonan todos nuestros pecados.

Aunque es bueno pedir perdón a Dios con frecuencia por nuestros malos actos y faltas, Jesús nos ha dado la oportunidad de perdonar los pecados a través de la Confesión. Tan solo nos bastará con un sacerdote, a quienes les dijo:

A quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos
Jn 20, 23

La Confesión tiene efectos muy positivos, ya que repara el distanciamiento respecto a Dios obteniendo su perdón, recupera la dignidad del alma disminuida por el pecado, da fuerzas para vencer en las próximas tentaciones. Además, en caso de pecados mortales, la confesión devuelve la gracia y la vida sobrenatural que se habían perdido, y por lo tanto, abre de nuevo las puertas del cielo.

¿Es la Iglesia Católica la Iglesia que Cristo fundó?

Para saber cual es la Iglesia que Jesucristo fundó debemos retroceder en el tiempo hasta el principio del cristianismo. Jesús edificó su Iglesia sobre Simón Pedro, encomendándole la misión de estar al frente de ella.

[...] Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia [...]
Mt 16, 19

Por lo tanto, para reconocer cual es la Iglesia que Cristo fundó tan solo debemos localizar al sucesor de Pedro. Gracias a la figura de Pedro podemos saber que institución o persona sigue fielmente a Cristo.

Para conocer quien es el sucesor de Pedro podemos observar las listas de sucesores que durante siglos se han mantenido con fidelidad a la realidad, llegando al actual pontífice, Benedicto XVI. Por lo tanto, si el Papa Benedicto XVI es el sucesor de Pedro, la Iglesia Católica es la Iglesia que Cristo fundó.

Entonces, ¿por qué existen tantas Iglesias? En los siguientes artículos lo iremos viendo.

Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el mal?

El mundo es un lugar en ocasiones hostil. Negar la existencia del mal es imposible. Sin embargo, esto parece atacar directamente la idea de que Dios es bueno y misericordioso. Guerras, hambre,… muchas personas se preguntan si Dios no puede hacer nada por evitarlo. Se trata de un tema complejo, pero esto nos hace pensar que Dios debe tener razones de peso para permitir el mal.

Quizás la piedra angular de este asunto es la libertad. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo libre hasta las últimas consecuencias. El hombre puede elegir ser bueno o ser malo, hacer el bien o hacer el mal. Pero esta libertad es tan extrema que el hombre es capaz de negar a Dios. Si Dios decidiese impedir que existiesen las guerras, acabaría con dicha libertad, porque las guerras se basa en decisiones humanas. Ocurre lo mismo con el hambre (causado por unas políticas internacionales egoístas), desigualdades sociales, asesinatos,… Si Dios evitase todos estos males, el hombre no sería libre.

Igualmente hay algunas situaciones que Dios permite que existan y que aunque parezcan malas, tienen en realidad una intención y finalidad buena. Así como la madre le quitará a su bebé de las manos la botella de lejía si este la ha cogido aunque éste llore, Dios hará lo mismo con el hombre, permitirá (que no aprobar, sino no impedir) que ocurran situaciones que aunque nos parezcan malas son realmente buenas.

El hombre debe, por lo tanto, evitar siempre hacer el mal y seguir así el mandamiento que Jesucristo nos dejó, “que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15:12).

¿La Iglesia Católica acepta la Evolución?

Nos enfrentamos ante un tema interesante y controvertido. Existe la creencia generalizada de que la Iglesia Católica cree solo en el creacionismo. Sin embargo, la realidad es muy diferente, puesto que la Iglesia acepta las teorías evolucionistas, aunque siempre bajo una actitud prudencial. De hecho, la Iglesia Católica es la única de las iglesias cristianas que acepta la teoría de la evolución.

Las teorías evolucionistas están basadas en hipótesis de gran seriedad. Simplificando, el evolucionismo afirma que unas especies proceden de otras debido a cambios genéticos ocurridos a lo largo de la historia. La Iglesia afirma que no es posible excluir la causalidad divina de esta realidad, puesto que es imposible que estas espectaculares modificaciones sean fruto del azar, sino que ha de existir una inteligencia organizadora de este proceso.

Y el hombre, ¿también es fruto de la evolución? Existen múltiples pruebas que sitúan al hombre dentro del género Homo que guarda un antiguo parentesco con los primates. Por lo tanto, se podría admitir la existencia de una evolución en cuanto al apartado material, al cuerpo. Sin embargo, basándonos en la Filosofía y la Teología (así como indica la Biblia desde hace miles de años), sabemos que existe el alma humana (que permite que el hombre sea inteligente), de naturaleza espiritual y no puede surgir de la materia, ya que por definición “es ausencia de materia”. Esto implica que el alma ha sido creada directamente por Dios.

¿Los católicos adoran a las imágenes?

Algunas personas se preguntan si los católicos adoramos a las imágenes que hay en las iglesias y catedrales. Ante una de estas preguntas, la respuesta que tuve que dar fue la siguiente:

Los católicos no adoramos a las imágenes. Las imágenes ayudan a relacionarnos con Jesucristo, la Virgen o los santos.

Cuando tu miras una foto de una persona que quieres, ¿ quieres a la foto? No, quieres a la persona que está representada en esa foto. Las imágenes son representaciones, no reciben culto.

Hasta aquí llega el testimonio. Espero que os ayude y solucione vuestras dudas o pueda ayudaros a explicar este tema.

Profundizando en aspectos un poco más teológicos e históricos, los mandamientos prohíben adorar a falsos ídolos, como estatuas. Por descontado, esto no se incumple, puesto que la prohibición se refiere a la idolatría. Esto no ha cambiado nunca, ni puede alterarse. En la antigüedad se prohibieron el uso de imágenes con el fin de evitar la idolatría, pero tras el II Concilio de Nicea (787 d.C.), este asunto fue aclarado (en aquel momento había diversidad de opiniones sobre este asunto) y se permite la posesión de imágenes siempre y cuando se venere a la persona que la imagen representa.