¿Por qué es complicado hacer apostolado con alguien que no conoce a Dios?

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Muchas veces, cuando he querido explicarle a algún amigo algo sobre Dios he tenido problemas a la hora de lograr que entiendan lo que quiero explicarle. El principal causante de esta situación no es solo el desconocimiento, sino que también intervienen los prejuicios o el miedo a no querer aprender algo sobre Dios. Por pura casualidad leí ayer una pequeña historia del libro “Introducción al Cristianismo” del Papa Benedicto XVI que puede ayudar a comprender esta realidad y hacer que la gente que tiene este problema a la hora de hacer apostolado no se desanime.

Esta historia fue escrita por Kierkegaard y resumida por Harvey Cox, ahorrándonos un buen rato de lectura. El relato cuenta cómo un circo de Dinamarca fue presa de las llamas. El director del circo envió a un payaso, que ya estaba preparado para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que existía el peligro de que las llamas se extendiesen incluso hasta la aldea, arrastrando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a sus habitantes que fuesen con la mayor urgencia al circo para extinguir el fuego. Pero los aldeanos creyeron que se trataba solamente de un excelente truco ideado para que en gran número asistiesen a la función; aplaudieron y hasta lloraron de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír. En vano trataba de persuadirlos y de explicarles que no se trataba ni de un truco ni de una broma, que la cosa había que tomarla en serio y que el circo estaba ardiendo realmente. Sus súplicas no hicieron sino aumentar las carcajadas; creían los aldeanos que había desempeñado su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. La ayuda llegó demasiado tarde, y tanto el circo como la aldea fueron consumidos por las llamas.

Aunque la historia sea poco aplicable aparentemente a nuestra vida cristiana, podemos sacar una serie de ideas. Metafóricamente, Dios es ese director de circo que envía a sus empleados, a nosotros, a comunicar al resto del mundo una noticia importante, que afecta a todos por igual. En nuestro caso, esta noticia es el Evangelio. Los cristianos estamos llamados a hacer apostolado, es decir, acercar a Dios a nuestra gente cercana, como amigos, familiares,… No se trata de dar discursos o lograr que nos aborrezcan, sino dar a conocer a Jesús con nuestros principios, nuestro trabajo, nuestro día a día, hablándoles de ese Dios en el que creemos de una forma amable, evitando cansar. Hablaremos de apostolado los próximos días, pero esta es una breve descripción.

Con una forma de vida ejemplar y dando un,  testimonio correcto, la gente que está lejos de Dios, esos habitantes de la aldea que estaba a punto de arder, conozcan a Jesús.

El payaso de la historia podría haber convencido a los aldeanos si hubiese ido vestido como una persona normal. Sin embargo, el payaso no puede dejar de ser payaso, no tiene tiempo ni posibilidad de mostrar otra cara más cercana a los habitantes del pueblo. Algo así nos ocurre a la hora de hacer apostolado: podríamos eliminar esas partes que no se comprenden fácilmente del Cristianismo y así mostrar a la gente una religión adaptada a sus gustos. El mensaje resultante sería cualquier cosa menos el mensaje cristiano. Por ello, debemos ser conscientes de esta dificultad a la hora de hacer apostolado, de esos prejuicios, ideas previas sobre el asunto que la gente que no conoce el Cristianismo, y concretando, el Catolicismo. Adaptándonos a la historia, debemos lograr mejorar a ese payaso (sin ánimo peyorativo) y convencer a la gente de que Dios les espera. No es un trabajo fácil, pero solo con paciencia, orando y pidiendo ayuda a Dios, podrás lograr tus objetivos, tu apostolado perseverará.